Libro Dos Casas

Shalom!

Lo consiguiente es excerptado de una obra intitulada: Jezreel, Mi Pueblo Santo.  Es un libro que trata con el tema de las Dos Casas de Israel y la verdadera relacion entre los Judios y los Gentiles. Esta obra no esta terminada, pero puede usted  enviar email para mas informacion. He colocado una porcion aqui de lo que nuestro Abba me ha dado. Para comentar o enviar un saludo, estoy a sus ordenes al siguiente email: somos1@onefaithpublications.org 

Toda Raba (Muchas Gracias)


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                                          Jezreel, Mi Pueblo Santo

Por

                                                                                                                                                                                                       Ydidyh Ben Yisrael

 

                                                                                                                               Capítulo Uno

                                                                                                                                  El Mundo y La Identidad de Israel

 

 

Amenos que haya alguno leído la Biblia extensamente, el pueblo de Israel es un enigma para la mayor parte de la humanidad. Aún para muchos de los que han leído, la verdadera identidad de Israel sigue siendo algo que ven con vista borrosa. Para unos el nombre Israel representa los odiosos Judíos a quienes estos aborrecen y quisieran desaparecer de la faz de la tierra. Estos le atribuyen al Judío que es avaro, agarrado, rudo, y cuanta otra cosa. Por lo tanto, lo desprecian y atacan a la primera oportunidad que se presenta. Para ellos, si algo va mal en el país, seguramente ha de ser el Judío quien es culpable. Aunque ni ellos sepan por que causa le aborrecen tanto, crujen contra él los dientes y buscan de alguna manera hacerle mal si es posible.

Para otros, Israel es el país donde no se encuentra la solución a una paz duradera. Es el área del mundo que siempre está en conflicto. Aún los más sabios de los sabios no han podido encontrarle una configuración aceptable al problema este llamado Israel.

Para otros más, es el pueblo que sufrió mil ochocientos setenta y siete años de andar vagando y sufriendo persecución por las naciones del mundo sin poder regresar a su tierra y ser una nación.

Antes de ir hacia delante, quiero aclarar que esto no se trata de la llamada "teología de reemplazo." Es necesario aclarar esto a causa de aquellos quienes continúan creyendo que YHVH abandonó su pueblo antiguo y lo reemplazó con la institución conocida como la "Iglesia." Esa fábula fue invento de quienes no escudriñaron las escrituras con un corazón limpio.

Tampoco se trata de los hijos espirituales y los hijos según la carne. ¡No hay tal cosa! Para todo el que quiera ser sincero consigo mismo, será necesario admitir que todo el que está en Yahshúa HaMashiach es ciudadano de Israel, heredero de las promesas, y doméstico de la fe única del Dios de Abraham, Isaac, y Jacob. Por lo mismo, él que no está en Mesías, no es ciudadano del Israel de Dios, como le llama la Escritura, sin importar cual sea el linaje de este según la carne. Para todo estudiante de la Escritura, que seria y sinceramente escudriña esta misma, es una indisputable verdad que solo en el Señor Yahshúa hay perdón de pecados, vida eterna, y ciudadanía en el Israel de YHVH.

Es aquí donde se hace patente el misterio de Israel. Las piezas del rompecabezas están dentro de este libro llamado la Biblia, pero al parecer, son pocos los que han logrado encontrarle la verdadera configuración o forma que debe llevar. Es más, la configuración que se le ha dado departe de grandísimas denominaciones, y aún los mismos descendientes de Abraham según la carne, es una que no se conforma a la que El Eterno autorizó.

Y aunque corra el riesgo de ser considerado un creído por declarar esto, debo decir que solo hay que percibir la condición en que se encuentra el pueblo creyente para poder discernir que estamos desmembrados con relación al cuerpo entero del Mesías. Hemos regresado de nuevo a las encrucijadas del camino y la voz del Infinito nos llama a que preguntemos por la senda antigua. El problema es que cada cual creé tener la verdad y nadie quiere doblegarse al reconocimiento de los errores doctrinales que contribuyen a la división entre el pueblo. Por otro lado, sería muy duro para muchos aceptar el hecho de que lo que ahora está establecido no es lo que Yahshúa estableció. Nos sucede lo del dicho que dice: "Son muchos los jefes y muy pocos los indios."

Para el indocto o el no regenerado, todo esto es "cuento de nunca acabar" ya que ni sabe de donde empieza el hilo de todo esto, ni en donde acabará. Es más, en el pensamiento de muchos de estos, el problema que existe ahora en la tierra prometida es culpa de los Judíos quienes "ocupan" las tierras de los Palestinos. Consideran el reclamo de los Judíos nulo. Hacen esto por que no conocen a Aquel que dio la promesa. Por su misma mortalidad y su inhabilidad de comprender las cosas a plazo eterno, estos creen que todo se relaciona a su misma generación y que todo empieza y se acaba con ellos. Escogiendo no tomar en cuenta lo determinado por El Eterno, buscan soluciones basadas en sus propias concupiscencias. El mundo sigue rodando, los políticos siguen su diplomacia, los reporteros siguen reportando, analizando, y comentando, y la nube de incertidumbre continúa sobre todo mundo ocultando la verdadera identidad de Israel.

Esto no quiere decir que no abundan las opiniones de los diversos sectores sociales. El sector religioso, como el secular, se ha formado opiniones que para estas alturas son reconocidas como actualidades o verdades por los miembros de los diversos grupos que existen dentro del respectivo sector. Examinemos pues el desarrollo de estas opiniones.

El pueblo de Israel es la manifestación de la promesa hecha por El Señor a su siervo Abraham. Los patriarcas, La Tora o Ley, los profetas, el Mesías, los apóstoles o emisarios, el Pacto, y en fin, todo lo concerniente al Santo de Israel, es de Israel.

Ahora, al principio de la era común, el remanente de Israel consistió de nadie más que creyentes Hebreos empezando con los emisarios y los otros ciento ocho quienes recibieron el Ruach HaKodesh (Espíritu Santo) en el Aposento Alto. De ahí al año 325 E. C., ocurrió algo sumamente extraño. Se fue oscureciendo el sol de conocimiento hasta surgir, del concilio en Nicea, una nueva definición de la fe en el año anteriormente citado. De estos principios surge entonces también una nueva definición de Israel. Según estos engañadores, El Señor había terminado con Israel por haber estos muerto al Mesías. Como todos estos, así como el resto del mundo y aún los mismos Judíos, pensaron que solo los Judíos eran Israel; empezaron a perseguirlos. Los echaron fuera de Roma y los persiguieron a través del tiempo y el espacio en todas las tierras donde tuvieron dominio sobre los Judíos.

De entre esta religión dominante salieron quienes protestaron las desavenencias entre lo establecido y lo que estaba en la Biblia a mediados del siglo XVI.

A esto se le llamó más tarde La Gran Reformación. Siendo que no desecharon todas las ideas o costumbres y tradiciones de la religión de donde salieron, la idea de que a la "iglesia" le fue dado el lugar que Israel antes tenía siguió fermentándose en muchas de las nuevas denominaciones. En esos entonces hubo quienes escudriñaran las Escrituras y denunciaran estas creencias, pero no los suficientes para que la verdad prevaleciera en la mayoría. Por su parte, la religión dominante persiguió a todos los "herejes" parejos y se desataron grandes y largas guerras entre los reinos donde influían las ideas de ambas persuasiones. Fue así como se estableció la idea de que Israel había perdido su lugar y que la "iglesia" era ahora la favorecida.

Al llegar el cumplimiento del tiempo en mil novecientos cuarenta y ocho, renació Israel en su propia tierra conforme a la profecía en el Libro Santo. (JER 23:8) Al suceder esto, le fue necesario a las denominaciones examinar su postura sobre la identidad de Israel y surgió otro concepto concerniente a quien era la "iglesia" y quien era Israel. De ahí en adelante, a la "iglesia" se le apodó el Israel espiritual y a Israel se le reconoció como el Israel según la carne. El hecho es que los hijos de la "iglesia" serían ahora los hijos espirituales y los Judíos serían los hijos según la carne o naturales. Hasta este día, la mayor parte de las "iglesias" siguen creyendo así.

El problema es que las "iglesias" siguen creyendo y practicando lo que la religión dominante les enseñó y no lo que es la verdad. En su configuración, liturgia, fiestas, nombres, y doctrinas, siguen siendo imágenes de la religión dominante. Muchos de estos son los que creen ser superiores en su espiritualidad al que ellos llaman el Israel natural, y que la Biblia se refiere solo al Judío cuando habla de ceguera.

Luego siguen los que creen ser inferiores al Israel natural por no ser ellos mismos descendientes de Abraham según la carne. Según estos, sé consideran Gentiles adoptivos y vienen a ser ciudadanos de segunda clase para quienes el Judío Mesiánico representa alguien que es de mayor o mejor clase por ser descendiente natural y también creyente en el Mesías. En este caso, son los Judíos Mesiánicos quienes al fomentar tal concepto; hacen daño a la viña del Señor, a veces sin saberlo. En los siguientes capítulos examinaremos más de cerca lo que la Biblia dice acerca de todo esto.

Como si fuera poco, también el Judío Ortodoxo hace cierto reclamo, al parecer, con todo derecho. Este, por cierto que con algunas excepciones, no reconoce a nadie como Israel a menos que la persona en cuestión sea Ortodoxa o se convierta al Judaísmo. En su concepto, todo Israel es Judío y el Judío es todo Israel. Para ser Ortodoxo, es necesario negar la fe en Yahshúa HaMashiach. En hacer referencia al Señor Yahshúa, la mayor parte de estos le llaman "aquel hombre." Para Judaizar, es necesario el varón someterse a la circuncisión y a ser indoctrinado por un Rabí. La mayor parte de los Judíos Ortodoxos llevan consigo el recuerdo y resentimiento de las atrocidades cometidas contra ellos por la religión dominante durante las edades del oscurantismo.

Para ellos, un Cristiano es un Cristiano y todos son los mismos. Ellos no distinguen entre unos y otros. Muchos de ellos niegan a cualesquiera que, siendo Judío Ortodoxo, llega a creer en el Mesías. Su concepto es que la persona deja de ser Judío el momento que se "convierte." El Internet contiene varios sitios dedicados a solo alertar a otros Judíos a no recibir comunicación ni brindar compañerismo a quienes se nombran Judíos Mesiánicos y mucho menos a misioneros Cristianos. Estos llaman a cualesquier Judío que cree en el Señor Yahshúa un Judío impostor. Los Judíos Ortodoxos se dividen en varios grupos, pero dos de los mayores son los Asquenazí y los Sefardí. Los Asquenazí son el grupo predominante en el país de Israel, y también son la razón que la nación de Israel no extiende ciudadanía a quienes no califican conforme al criterio de ellos.

Los Sefardí son descendientes de los Judíos quienes se dividieron en España por el edicto de La reina Isabel conocido como el Edicto de Alambra en 1492. Muchos de los Sefardí vinieron a ubicarse tanto en el norte como en el sur de América. Algunos Judíos Mesiánicos, según informes que he recibido, para poder emigrar a Israel--- un país de Judíos, han tenido que ocultar su fe para poder lograr ciudadanía. Otros han tenido la buena fortuna de que no se les pregunte al momento de ser calificados. Aún otros más han creído en el Mesías ya estando en el país. El hecho es que existen tantas divisiones entre los Judíos mismos, que ni estos tienen un método adecuado de cómo determinar quien es y quien no es Judío; mucho menos quien es Israel.

Como hemos visto, el nombre Israel contiene diferente significado para diferentes personas. Son diversas las opiniones que existen acerca de la identidad de Israel. Es por eso que se hace necesario este libro. Es hora de reconocer que hay un orden a todo esto; ya que la Biblia dice: "Dios es un Dios de paz y no de confusión." (1 Cor.14: 33)

Es tiempo de regresarnos a trazar la historia de Israel y los hechos que constituyen la identidad de este pueblo. Sin un concepto veraz, seguirá desmembrado el pueblo y continuará el pleito entre los diversos grupos por el reconocimiento como el verdadero Israel. Por un lado, seguirán los que creen ser el Israel substituido, los hijos espirituales, y Gentiles adoptivos enseñando a sus futuras generaciones algo que no es verdad. Por el otro lado, seguirán los descendientes de Abraham según la carne desconociendo a todo el que no se asiente a sus tradiciones y se alinee a su forma de pensar. Seguirán las riñas y los menosprecios, el celo y la contienda de todos y por todos. ¿Que digo, que todos son contenciosos? ¡Desde luego que no! Pero seguirá la incertidumbre siendo la plaga de todos los que forman parte de la historia de Israel amenos que no hagamos el esfuerzo de encontrar la verdadera configuración que el Altísimo ha dado a su pueblo. Nos es preciso rebuscar la palabra del Eterno porque solo de esa manera hallaremos la verdadera identidad de Israel.

 

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