Shalom!

 

                                                                                                             Gusanos en el Maná

 

                                                                          (Exo. 16:4-35)

 "Y Yahuwah dijo á Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y cogerá para cada un día, para que yo le pruebe si anda en mi ley, ó no."

 

 

Desde un principio, el Altísimo nos informa que la prueba es para determinar si el pueblo andará en su ley o no. Pero no solamente para probar su habilidad de hacer lo que se les mandó, sino para probar la condición de sus corazones.

 

Al momento de darles las instrucciones, se les dijo que habrían de recoger un gomer por persona para cada día de domingo a viernes. Pero el Sábado no habría por que salir a recoger porque era día de reposo. Así que, el viernes recogerían el doble por persona y tendrían lo suficiente para comer el día de reposo. De la misma manera, no habrían de dejar parte alguna de lo que recogieran a diario hasta la mañana con acepción del viernes. Se les dijo que si lo dejaban para otro día no siendo viernes, crearía gusanos.  La acepción a esto era solamente el viernes por razón del día de reposo.

 

Las instrucciones no son difíciles de entenderse. Pero hablamos de una gente sospechosa y sin fe. Son un pueblo incrédulo que sin importar cuantas veces hayan visto las maravillas de Dios a su favor; no creen que está de su parte y que tiene cuidado de ellos. Recelan de sus intenciones porque pasan un momento sin agua o el hambre les llega y empiezan a murmurar. Inmediatamente recuerdan las ollas de carne de las cuales comían en Egipto. ¿De que sería la carne? Solo Dios y los egipcios supieron. Con las trabajadas que les arrimaban los egipcios, me imagino que ni preguntaron los israelitas. Se la comieron y hasta se han de haber chupado los dedos. Con la espalda hecha tiras por los azotes de los verdugos; han de haberse comido aquellas suciedades con dolor y angustia. Pero son unos malagradecidos quienes ahora echan en cara que comían a llenar de las "algarrobas" que les proveían sus "señores"  los egipcios. Con toda razón les llama el Altísimo "duros de cerviz."

 

Aunque les fueron dadas las instrucciones con toda claridad, lo primero que hicieron fue tratar de almacenar lo que no se comieron para el día siguiente aun no siendo viernes. La avaricia y el miedo les ganaron para hacerles dudar de la palabra de su Dios. No les fue suficiente esto, sino que venido el Sábado, día de reposo, hubo quienes entre ellos salieran a buscar Maná aunque se les había dicho que no habría. Sus acciones demostraron la condición de su corazón. ¡Fueron rebeldes e infieles a la ley que les correspondía obedecer!

 

Y todo el pueblo de hoy observa estas cosas y dice, "¿Como podrían estos ser tan gruesos? ¿En que cabeza cabe la idea de no obedecer al Altísimo Dios que hizo tanto por ellos para sacarlos de Egipto?"  Y hacemos notorio que toda instrucción les fue dada personalmente por Moisés; el siervo de Dios. Este era "la voz de uno que hablaba en la tierra." Era el mediador del pacto hecho al pie del monte Sinaí. Dios hablaba con él y él hablaba con el pueblo conforme a lo que el pueblo acordó después de haber violado el pacto que Dios les ofreció; el cual ellos deshonraron al desnudarse para adorar el becerro de oro y cometer iniquidad mientras que Moisés estaba recibiendo instrucciones del Altísimo por 40 días y noches en la cumbre del monte.

 

Pero "la voz del que habla desde el cielo" es la voz del Altísimo; la cual ellos no quisieron oír porque les causaba miedo por su mismo corazón pecaminoso dado a la iniquidad y ajeno a la santidad. Y el Maestro nos dice, "Dios es Espíritu y se ha de adorar en Espíritu y en Verdad." Dijeron los judíos del tiempo del Mesías, "Nuestros padres comieron maná en el desierto." Dijo el Ungido, "Yo soy el Pan Vivo que descendió del cielo." Está diciendo, "Yo soy el Maná verdadero."

 

Ahora, ¿que ha cambiado desde el pacto hecho al pie del monte Sinaí? ¡Todo! Se nos dice que "uno es el mediador entre Dios y el hombre." Este mismo es Dios conforme a lo que la escritura nos enseña y lo que nosotros mismos afirmamos. Entonces, conociendo o más bien, habiendo creído que nacimos de nuevo al ser sepultados juntamente con él para resucitar juntamente con él en novedad de vida; creemos también que hemos recibido el Espíritu Santo que nos aparta para Dios. Decimos que Cristo vive en nosotros y afirmamos creer en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. Pero la Escritura dice que él "fue hecho Espíritu Vivificante." Es el Espíritu de Verdad que nos hace libres y nos aparta para Dios mediante la verdad. ¡Y sin la verdad no hay libertad!

 

¿Y que es la verdad? La verdad es que el Maná verdadero ha sido depositado en nuestro corazón; si es verdad que le hemos recibido. "Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de él." Ha dicho el que vive en nosotros, "Y pondré mis leyes y mis estatutos en sus corazones." No dijo, "Dejare mi pueblo sin leyes para que hagan conforme a su propia concupiscencia." Tampoco se trata de regresarnos a las leyes de un pacto ya expirado por razón del Nuevo Pacto en la sangre de Cristo. Pero el pueblo de Dios vive conforme a la ley de la fe. Y, ¿Qué es la fe? La fe se define como "creencia, confianza, y dependencia."

 

Entonces, hay una ley que vive en nuestro corazón y obra en nuestros miembros para cumplir con esa ley. Es la ley de la fe que nos impulsa a creer a Dios. Es por eso que nos anima a que seamos "llenos de la palabra de Dios." "La voz del que habla desde los cielos" vive en nosotros mismos y es el Maná que comemos todos los que hemos entrado en su reposo mediante la fe.

 

(Heb. 4:10)  Porque el que ha entrado en su reposo, también él ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas.

 

Todos aquellos quienes creen en la realidad de su nuevo nacimiento, y que Cristo vive y reina en ellos por su Espíritu y que los guía a toda verdad, reposan de sus obras que hacían antes de venir a Cristo. En estos, el Maná es comida que nunca pierde su sabor y frescura. Al creer lo que oyen del Espíritu confirmado por su palabra, estos ejercitan la fe y la ley de la fe produce en ellos conocimiento y sabiduría. Crecen de fe en fe y de gloria en gloria porque creen a la voz del que habla desde los cielos. Por la fe van creciendo hacia la madurez porque se ejercitan en vivir las promesas de Dios. Para estos, la Biblia es un libro vivo porque el Espíritu Vivificante que vive en ellos fue quien la escribió y es también quien la declara y revela. Este es el propósito y la bendición del Nuevo Pacto en la Sangre del Mesías de Israel.

 

(Heb 4:1)  TEMAMOS, pues, que quedando aún la promesa de entrar en su reposo, parezca alguno de vosotros haberse apartado.

 

Pero para todos los religiosos que viven de culto en culto y siguen a los hombres para ponerlos en pedestales; todo esto es extraño porque sus vidas están invertidas en su organización y en su religión. Para ellos, los grandes son algo especial y los admiran como el pueblo admiró a Moisés porque dependen de ellos para que les declaren la verdad. Si los "grandes" no lo pueden creer, ellos tampoco se atreven. No han creído que Dios vive en ellos; y porque no creen, la ley de la fe obra al contrario para ellos. Por no creer no entran en el reposo de Cristo. Comen del Maná y no lo pueden guardar para otro día porque no han entrado en su reposo. Se pasean afuera de la puerta a la entrada del reino y pretenden ser parte del reino. Pero no son capaces de creer la gran transformación que tiene que ocurrir cuando el ser humano pasa de ser natural a espiritual. No creen lo que Dios les ha dicho en su palabra porque sus "grandes" no los dejan creer. ¡Que triste estado viene a ser este!

 

Para todos cuantos hemos creído en la eficacia del Espíritu que vive en nosotros, un nuevo día esclarece. Empezamos a ver con mayor claridad con la luz del nuevo día y la estrella de la mañana sube ya en nuestros corazones. Hemos estado atentos a la antorcha que brilla en lugar oscuro mientras otros edificaban ministerios para su propia honra y menospreciaban la verdad de nuestro Dios. Por amor a sus puestos y posiciones; por preservar sus ligaduras con aquellos quienes se honran unos a otros sin buscar la honra del Altísimo, están en peligro de ser hallados culpables de la sangre de muchos quienes se perderán por seguirlos a ellos en lugar de ser enseñados a oír la voz del Espíritu que vive en su corazón. Estos son hurtadores de las heredades del Señor y buscan adueñarse de la novia en lugar de prepararla para su marido. ¿Cual será el fin de estos cuando se presenten ante el Señor en aquel día con las manos escurriendo en sangre? ¡Son estos mismos los gusanos en el maná! ¡Ay de ellos si no se arrepienten y se humillan!

 

Esto no es un juego de iglesitas ni es un mito para dejarlo o tomarlo a nuestro gusto. El Señor está juntando su pueblo y solamente un pueblo tiene. Se nos ha dicho que nos esforcemos por entrar por la puerta angosta y que pocos son los que la hallan. El que tiene temor del Señor toma esas palabras literalmente y busca a su Dios. El que no se ríe y dice, "Fanático." Pero viene la prueba para el mundo entero un poco más adelante. La razón que nuestro Dios nos está revelando los misterios de su palabra es que estamos por entrar en la gran tribulación. Para los de sabio corazón, el oír, creer, y obedecer hoy es imperativo antes de que llegue aquel momento. Él ha prometido refugio y protección para los que guardan la paciencia de su palabra y no niegan su nombre. ¿Serás tu uno de estos o serás de los que habla el siguiente pasaje?

 

(Apoc. 7:13, 14)  Y uno de los ancianos habló diciéndome: Estos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido? Y yo le respondí: Señor mío, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que vienen de la gran tribulación, y han lavado sus vestiduras y las han emblanquecido en la sangre del Cordero.

 

Para estos, les fue necesario pasar por la gran tribulación para poder entender lo que deberían haber sabido antes de que esta llegara. Estamos a buen tiempo de llegar a un entendimiento sano antes de que llegue lo que sabemos que tiene que venir. Ya no hablamos de aquellos quienes esperan desaparecerse en un rapto misterioso, sino de quienes entienden que hay que estar listos para este tiempo atribulante que viene. ¿Por cuanto no pasarían estos amados antes de salir de la gran tribulación?  Oye Israel:

 

(Heb 12:25-29)  Mirad que no desechéis al que habla. Porque si aquellos no escaparon que desecharon al que hablaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháramos al que habla de los cielos. La voz del cual entonces conmovió la tierra; mas ahora ha denunciado, diciendo: Aun una vez, y yo conmoveré no solamente la tierra, más aun el cielo. Y esta palabra, Aun una vez, declara la mudanza de las cosas movibles, como de cosas que son firmes. Así que, tomando el reino inmóvil, vamos á Dios agradándole con temor y reverencia; Porque nuestro Dios es fuego consumidor.

 

Nos es necesario entender esto:

 

(Isa 26:20)  Anda, pueblo mío, éntrate en tus aposentos, cierra tras ti tus puertas; escóndete un poquito, por un momento, en tanto que pasa la ira.  Porque he aquí que יהוה sale de su lugar, para visitar la maldad del morador de la tierra contra él; y la tierra descubrirá sus sangres, y no más encubrirá sus muertos.

Shalom!

Francisco Gomez Luna 

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